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Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán. Irá andando y llorando el que lleva la preciosa semilla; mas volverá a venir con regocijo, trayendo sus gavillas.
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Mensaje del día
En la pantalla del coche, 12% parpadeando; en el pecho, ese frío. Presioné el recurso que lleva solo hasta el punto de carga y crucé los brazos, incómodo viendo el volante girar sin mis manos. Sin conocer al piloto, confiamos en un avión; sin entender el código, confiamos en la máquina. ¿Y Dios? El predicador repitió: Dios está en control de tu vida. Lo que escapa de tu control, entrégalo, confía, descansa. La fe no es pasividad; es elegir quién conduce cuando no puedes ver todo el camino.
Dos salmos, el mismo cautiverio. En el 137, junto a los ríos de Babilonia, colgamos las arpas y vino la amarga pregunta: ¿cómo cantar en tierra extraña? En el 126, el tono cambia: cuando el Señor trajo del cautiverio, nuestra boca se llenó de risa, y el sembrador que va llorando volverá, sin duda, con sus gavillas. La elección que el predicador nos propone es concreta: o colgamos el arpa o profetizamos la vuelta. El cautiverio existe, pero también existe quien canta en él.
Cómo enfrentar el cautiverio
- Confía en Dios, incluso cuando no entiendas el proceso.
- No cuelgues el arpa, sigue adorando, incluso en tierra extraña.
- Profetiza el cambio y la restauración, con la Palabra en los labios y fe en el corazón.
La mayor derrota en la vida de un creyente es dejar de adorar.
Esta fe no es plástica; tiene lágrimas. El predicador contó que, dieciséis días después de sepultar a su madre, eligió adorar. No soy fuerte, pero soy creyente, dijo. Y completó: Dios me dio. Dios guardó. Bendito sea el nombre del Señor. Es la firmeza de Job, que adoró en la pérdida, y la certeza del Salmo 46: hay un río, Dios está en medio, y no seremos conmovidos. La madurez no viene de atajos; viene del desierto en el que seguimos cantando.
Cuando el salmista pide: restaura como las corrientes del Neguev, vio lo que Israel ve hasta hoy: el desierto seco recibiendo lluvias estacionales, valles agrietados convirtiéndose en lechos de agua y, de repente, flor. Es esta imagen la que alimenta la oración: Señor, cambia nuestra suerte. Profetizar no es fantasía; es alinear la boca con la promesa. Jeremías recordó en el exilio: pensamientos de paz y no de mal. Abre la ventana de la esperanza y deja que lleguen las torrentes.
Tal vez solo estés en espera, no en lucha; tal vez estés en el valle. En cualquiera de ellos, no cuelgues el arpa. Canta mientras ajustas las cuentas, mientras visitas al médico, mientras perdonas en casa. Honra en vida a quien Dios te dio; llama, abraza, arregla. Y entrega el volante al Señor: lo que no controlas, confía; lo que necesita cambiar, profetiza. El cautiverio tuvo un comienzo y tendrá un fin. Hasta entonces, vive por fe, no por circunstancia, y vuelve a cantar.
Curiosidades
- El cautiverio babilónico del Reino de Judá duró unos 70 años, como Jeremías profetizó (Jer 25:11–12; 29:10).
- El desierto del Neguev, en el sur de Israel, recibe torrentes estacionales en invierno; después de las lluvias, las áreas áridas florecen rápidamente.
- El Salmo 126 es un Cántico de Graduales, sin autoría indicada; el Salmo 137 también es anónimo y refleja el exilio en Babilonia.
Frases importantes
- Dios no te prueba para matarte, te prueba para madurarte.
- Dios está en control de tu vida.
- La mayor derrota en la vida de un creyente es dejar de adorar.
- Recupera tu arpa.
Traducidas del original en portugués.
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LA VUELTA DEL CAUTIVERIO | SAMUEL VAGNER
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